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domingo, 3 de marzo de 2019

Celebración del DÍA DE ANDALUCÍA









El himno de Andalucía es una composición musical de José del Castillo Díaz​ con letra de Blas Infante. La música está inspirada en el Santo Dios, un canto religioso popular que los campesinos y jornaleros de algunas comarcas andaluzas cantaban durante la siega. Blas Infante conoció este canto mientras estudiaba en el colegio de los Escolapios de Archidona.​ Más tarde, siendo notario en el pueblo de Cantillana, se interpretaba como canto de rogativas.​ Blas Infante puso este canto en conocimiento del Maestro Castillo, quien adaptó y armonizó la melodía. La letra del himno apela a los andaluces para que se movilicen y pidan "tierra y libertad", mediante un proceso de reforma agraria y un estatuto de autonomía política para Andalucía.

El himno de Andalucía fue presentado por la Banda Municipal de Sevilla, bajo la dirección de José del Castillo, el 10 de julio de 1936, una semana antes del comienzo de la Guerra Civil. Durante el Franquismo sólo se conservó un manuscrito para piano. Fue reestrenado durante la transición democrática en el Teatro Lope de Vega de Sevilla por la misma banda el 18 de octubre de 1979. Dos años antes, en abril de 1977 Carlos Cano realizó una adaptación cantada por la coral Heliópolis de Sevilla y en cuya grabación estuvieron presentes antiguos compañeros de Blas Infante. (wikipedia)


La bandera blanca y verde
vuelve, tras siglos de guerra,
a decir paz y esperanza,
bajo el sol de nuestra tierra.


¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!


Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos.


¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!





jueves, 18 de octubre de 2018

Gota fría


Gota fría
Chubascos y tormentas de extraordinaria violencia, aunque de poca duración y que afectan normalmente a una zona poco extensa son frecuentes en las zonas costeras del Mediterráneo, sobre todo entre los meses de septiembre y octubre.
Son más frecuentes junto al Mediterráneo, pero también suceden en otros lugares.

Formación de la "gota fría"
La gota fría se forma cuando coinciden tres acontecimientos: mar caliente, atmósfera inestable en la superficie y aire frío en altura.
Cuando el mar se encuentra a temperaturas altas, como el Mediterráneo al final del verano que puede llegar a estar a cerca de treinta grados en zonas cercanas a la costa, desprende mucho vapor de agua, como el agua caliente de un baño o una ducha. Si en esta situación llega una borrasca o un frente frío y hay una bolsa de aire frío en altura, se produce una situación de inestabilidad del aire superficial que aumenta conforme ascendemos. El vapor de agua, que el mar libera en gran cantidad, asciende arrastrado por la inestabilidad y se va condensando al encontrarse con la zona fría, formándose una nube.
Esta nube puede ir agrandándose a gran velocidad porque el vapor ascendente encuentra mucha facilidad para subir al encontrarse con zonas más frías, y con este frío va condensándose cada vez más agua. En muy pocas horas se pueden formar grandes nubes tormentosas, del tipo de los cumulonimbos, que aunque no tengan una gran extensión en horizontal, pueden llegar a tener más de diez kilómetros de altura. Estos cumulonimbos descargan una fuerte lluvia, normalmente acompañada de un gran aparato eléctrico y de granizo.

Daños
Los daños que causa una tormenta no dependen sólo de la intensidad de la lluvia. En una ladera con mucha pendiente, desprovista de vegetación, el agua corre muy rápidamente, arrastrando con fuerza el suelo, provocando una gran erosión. Si además esta ladera termina en un valle encajonado puede formarse una gran riada que arrastra con fuerza todo lo que encuentra. En la zona mediterránea española es frecuente que los cauces de los ríos permanezcan secos muchos meses al año y que sean ocupados por cultivos o edificaciones, lo que hace que en las grandes crecidas, los daños sean mayores, por una parte porque se destruye lo que estaba ahí construido y, por otra, porque se impide la libre salida del agua y se hace mayor la crecida.
Cuando las laderas son suaves y se encuentran cubiertas de vegetación el agua que cae es frenada por las plantas, absorbida con más facilidad por el suelo y termina bajando por la ladera menos agua y a menor velocidad. Se entiende que así la erosión es menor y que es importante mantener los bosques y la cubierta vegetal del terreno para prevenir los daños que los fenómenos climatológicos violentos producen.

(Extraído de la revista Estratos n. 18, 1990, Artículo. "El "mini-monzón" mediterráneo" de Manuel Toharia.)
Enlaces de interés para comprender y profundizar:
¿Cómo se forma un rayo?


Un cuento de lluvia: Nasreddín y la lluvia